¡Hola a todos! Retomo esto después de muchísimo tiempo. Este verano no ha sido en algunos sentidos lo que esperaba. Sin embargo, hay cosas que jamás podré olvidar.
1. Conciertos
El 26 de junio, el Boss tocó en Gijón. Sólo puedo decir una cosa: IMPRESIONANTE. No voy a escribir una entrada kilométrica, pero os diré una cosa: superó con creces a San Sebastián. Era un precioso día del recién estrenado verano de 2013. Tras muchos cambios en mi vida, llegaba el tiempo del relax, que comenzaba así. Gijón olía a rock, respiraba ambiente de concierto. Lo mejor de todo: llegamos al pit. Si, yendo el mismo día. Como dice la expresión: like a boss (nunca mejor dicho). Fueron tres horas y media de puro espectáculo, de pura entrega y conexión entre público y banda. Todo mágico. Tocó "Because the night", la cual me quedé con muchas ganas de escuchar en San Sebastián. Pagó su deuda y con creces. "Drive all night" consiguió poner los pelos de punta de los allí presentes, que abarrotábamos El Molinón. Además de muchas otras sorpresas. Finalizó con un "Thunder Road", en el que sólo estábamos él, su guitarra, su adorada harmónica y el público. Para volver, tocaron dos horitas y media de coche, las cuales se hicieron eternas. Tras llegar a casa a unas horas intempestivas, sólo pudimos dormir dos horas escasas.
Al día siguiente, pusimos rumbo a Madrid, para ver a Bon Jovi. Fue el vuelo Santander-Madrid más largo de la historia, a pesar de que duró los 50 minutos de siempre. Madrid nos recibió con un calor abrasador. Paseamos por la capital de este nuestro país hasta la hora de acercarnos al Vicente Calderón, también hasta la bandera. El concierto fue maravilloso, pero faltaba el único, el inigualable, the King of Swing, Richie Sambora. Otras tres horas de música en directo, de las que cabe destacar la belleza que destilaba Jon Bon Jovi con la camiseta de la Selección de fútbol. Al día siguiente, disfrutamos de un día por la capital, hasta que cogimos el tren de vuelta.
2. USA
Los Estados Unidos de Ámerica. Que bien suena, que importante. Esa potencia mundial, ese país que logra extender las modas por todo el mundo. Es realmente impresionante. No quiero extenderme mucho en este último punto, porque podría hacer un testamento. Realmente, me enamoré. Y no exagero. Me enamoré de verdad, de lo bueno, y valoré también lo malo. Esa cultura patriota, la envidio. No es necesario poner seis banderas por edificio, pero ese compromiso con su país, ese trabajo conjunto, eso es lo que envidio.
Cierto es que es un país con desigualdades, en el que mucha gente tiene que luchar por sobrevivir, a pesar del desarrollo. Esa gente que estamos acostumbrados a ver en películas o en la letra de alguna canción. Esas calles con casas de madera, tan típicas americanas, de barrios marginales. Viven junto a las vías de tren en algunos casos. Me impactó más de lo que pensaba. Otra cosa que me dejó huella fue todo lo relacionado con los atentados terroristas del 11S. Se me puso un nudo en el estómago al entrar en la capilla de St. Paul, lugar donde repartían alimentos y medicinas. Entre todas esas organizaciones o grupos que colaboraron, encontré gente de Galicia, que pocos días después sufrirían una tragedia. Cuando visité el WTCMemorial, tuve que contener las lágrimas. Ver los nombres de todas esas personas inocentes que murieron, impacta. En el museo, situado junto a la capilla de St.Paul, pude ver una foto de las torres tomada 15 minutos antes del atentado. Eso ya me dejó sin palabras.
Mi experiencia al otro lado del charco fue muy enriquecedora. Conocer gente de otras culturas no es algo que tengas la oportunidad de hacer todos los días, y te abre la mente.
Ahora vuelve lo malo, el trabajo. El año más difícil.