Si, comienzo esta entrada igual que muchas otras, destacando que hace mucho que no os escribo. Intentaré hacerlo más a menudo.
Hoy ha empezado la verdadera cuenta atrás para PAU. Todo comenzó a las nueve de la mañana, cuando llegué al colegio con un sueño perceptible claramente y unas ojeras cual Frankenstein. Las clases se fueron sucediendo una tras otra, a cada una peor que la anterior. ¿Por qué los profesores no entienden que si los alumnos tenemos prioridades es por algo? La asignatura que mejor se me da y menos esfuerzo requiere será la que menos estudie.
El día continuó en la academia, solo una hora, pero bien intensa. Una de esas horas que se pasan rápido, pero que sientes que has invertido muy bien. Gran rendimiento, hablando claro.
Comer es uno de los mayores placeres que existen, y que yo adoro. Pues creo que estos días eso no va a ser posible. Comer rápido y cualquier cosa va a ser el pan de cada día (nótese el estrés que soporto en lo pésimo de mis chistes). ¿El motivo? Volver rauda y veloz cual rayo al colegio para... ¡Hacer un simulacro de examen de Química! Para colmo, me ha salido fatal. Menos mal que las notas ya las tengo en casa.
Si creíais que ya había acabado, estáis muy equivocados. En casa, tocó hacer todos los deberes que habían mandado incluyendo los de las clases a las que falto por ir a la academia. Tres horas de deberes y estudio. ¿Productivo? Eso parece. Es lo único que me reconforta.
Con respecto a las notas, como os he dicho, ya están en casa. ¡¡Son maravillosas!! No me esperaba tanto, a pesar de que son el justo premio a lo trabajado estos meses.
Tras 12 horas de trabajo, me retiro a despejar mi mente mientras escucho mi programa de radio favorito: música, historias reales, cuentos...
Mañana no pinta tan duro, o eso quiero pensar.
¡Ánimo a todos los que estudiáis PAU!
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