Esta historia no es nueva en la historia de la humanidad. Por un lado, están los que se guían por: "la vida son dos días". Esos defienden el placer sobre la obligación. Piensan que hay que disfrutar a tope de la vida. Pero, realmente, ¿esto se sostiene? Si rechazas las obligaciones, ¿cómo vives?
Por otro lado, está mi bando. Los estoicos, los que pensamos que la obligación es algo así como sagrado. Nunca nos desviamos de nuestra línea, de ese camino. Y lo nuestro, ¿se sostiene? ¿Podemos vivir sin descansar?
Lo ideal sería un equilibrio, pero en caso de contradicción, ¿qué hacemos? No todas las obligaciones se pueden posponer por el disfrute. Sin embargo, el disfrute, en muchos casos, es un tren que pasa una vez, ¿debemos cogerlo?
Yo, como ya he dicho, soy del segundo bando. Eso me "simplifica" la vida a nivel teórico, pero no es nada agradable. Me siento diferente, ya que hoy en día, lo "cool" es ser del primer grupo y disfrutar. Pero ese disfrute es algo temporal, algo pasajero que crea adicción.
Aunque parezca que la obligación no tiene tantos problemas, los tiene. Te genera una insatisfacción muy grande contigo mismo, a pesar de que tienes la conciencia tranquila. Sientes que estás perdiendo tu vida, que se escapa entre las rendijas de esa cárcel en la que tú mismo has entrado. Por otro lado, esa libertad asociada al disfrute puede llevarte a querer cada vez más, y estar atrapado por esa libertad. Paradójico, pero real.
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